Fui a La Caleta ocho días después de que ocurriera la tragedia que cegó la vida de cuatro personas normales, trabajadoras, fajadores del día a día.
A pesar del tiempo transcurrido el dolor aún se transmite, contagia a los corazones foráneos, que como el mío, se ven obligados a penetrar por esa estrecha y polvorienta calle llamada Demetrio Mosquea.
Las huellas de la noche sangrienta ya desaparecieron del suelo. Pero lamentablemente no ha ocurrido lo mismo con las imagenes que la gente grabó en sus memorias ese día. Yudelka Rosado, la esposa de Elías, todavía tiene que cedarse para dormir porque no puede olvidar cuando un policía, le disparó a su marido. Y ella no pudo hacer nada.
Las hermanas de Ronald tampoco están bien. Las mujeres son las que están peor.
De todo lo que escuché ayer, lo que más me indignó es que a estas fechas ninguna institución estatal u ONG haya ido por el lugar a dar ayuda sicológica. Cuando hemos tenido tragedias naturales las asistencias sicológicas se desbordan pero no pasa igual cuando las tragedias son causadas por humanos.
Me pregunto dónde están los equipos de la Sespas y los de las ONG.
jueves, 8 de mayo de 2008
martes, 27 de noviembre de 2007
EL COSTO DE LA VIDA EN SANTO DOMINGO ES CADA VEZ MAS CARO
Una ciudad invivible
Yvonny Alcántara(small y negrita)
Lead (normal y negrita) Vivir, trabajar y estudiar en esta ciudad se convierte cada día en un lujo
Cuerpo (normal)..............................
Yvonny Alcántara(small y negrita)
Lead (normal y negrita) Vivir, trabajar y estudiar en esta ciudad se convierte cada día en un lujo
Cuerpo (normal)..............................
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